Internacionales

Le negaron ser conductora de autobuses solo por ser mujer, ganó el derecho en la Corte argentina y aún no le dejan manejar

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Mirtha Sisnero quiere ser chofer de colectivos. Todavía se imagina manejando por las calles de ‘La Linda’, como muchos llaman a la ciudad de Salta, una urbe turística del norte argentino caracterizada por las sierras y sus casas de estilo colonial. “Iría saludando a todo el mundo”, dice, y confía en que los pasajeros llegarían a sus aburridas rutinas con mejor humor. También estaría muy atenta a los detalles, dejando el vehículo bien pegado a la vereda, para que sea más fácil subir o bajar, evitando insultos de pensionados con dificultades de movilidad. “¡Sería glorioso!”, visualiza. 

Salta, además de ser una provincia hermosa y un destino predilecto para los viajeros amantes del buen vino y las empanadas, es una de las jurisdicciones más tradicionales del país sudamericano. Debates como la interrupción voluntaria del embarazo generan chispas entre el feminismo local y los defensores de las ‘buenas y sanas costumbres’. En ese marco, Mirtha aún ve frustrado su sueño de ser colectivera, en un rubro dominado por hombres. Pero no se rinde.

La tirada de currículums y demandas

Esta historia comenzó hace mucho, en 2008, cuando obtuvo su carnet para conducir vehículos de gran tamaño, cumpliendo con todos los requisitos impuestos por la Dirección General de Tránsito y Seguridad Vial de la Municipalidad salteña. Sabía que los conductores de transporte urbano ganan buenos salarios, y necesitaba estabilidad económica para que su hijo vaya a la facultad. Siendo mujer y sin estudios universitarios, remarca, se complicaba percibir un buen ingreso.

Así, como si viviera en una sociedad distinta, empezó a postularse en varias empresas, pero algunas ni siquiera le recibieron el currículum, a pesar de ser idónea para el cargo. Insistió, mediante notas, a las siete compañías de transporte —al menos dos veces—, y ninguna la llamó.

Mirtha Sisnero

Mirtha Sisnero

Me decían que nadie va a viajar con mujeres, porque la sociedad no lo va a aceptar

Estaba sola, frente a una cultura machista, fuertemente arraigada en las firmas de autobuses y las autoridades estatales a cargo de su control. Pero tuvo una idea: envió una carta a un conocido periódico zonal, contando la situación, y obtuvo difusión. La Fundación Entre Mujeres se puso en contacto e iniciaron acciones legales para que sea contratada, junto a un amparo colectivo, para que no se priven fuentes laborales a conductoras solo por su sexo.    

La batalla judicial fue más dura que el asfalto, pero entre idas y venidas, el caso escaló hasta la Corte Suprema argentina, que pronunció una resolución histórica. Así, el máximo tribunal contradijo a la Justicia provincial y confirmó que, efectivamente, Mirtha fue discriminada solo por ser mujer. Destacó que no existe la presunción de inocencia, entendiendo que en estos casos la víctima es el actor vulnerable frente a este tipo de atropellos: si el acusado no puede demostrar lo contrario, se presupone que la discriminación sí ocurrió. En efecto, las empresas nunca pudieron explicar de modo coherente por qué no la contrataban

Insólitamente, uno de los empresarios hizo declaraciones desafortunadas ante la prensa mientras se desarrollaba el juicio, que fueron citadas por la Corte: “Esto es ‘Salta Turística’, y las mujeres deberían demostrar sus artes culinarias. Esas manos son para acariciar, no para estar llenas de callos. Se debe ordenar el tránsito de la ciudad, y no es tiempo de que una mujer maneje colectivos”.

Actualmente, el fallo Sisnero se enseña en las universidades de Abogacía de Argentina para explicar el derecho a la igualdad. No obstante, a seis años de la sentencia, ella sigue sin manejar. 

“Vamos a dar de nuevo la batalla”

“No hay vacantes” o “no llamamos todavía”, son algunas de las evasivas que recibía Mirtha por parte de las empresas. “Este lugar es muy oscuro, imaginate de noche”, le dijeron, mientras le enseñaban un taller. “Me mostraban los baños y decían que una chica no podía entrar, porque es feo”, recuerda la protagonista. También le expresaron que “nadie va a viajar con mujeres”, porque “la sociedad no lo va a aceptar”

Así, ella sigue esperando, en medio de este barullo jurídico. Es que, a fines técnicos, la Corte Suprema le ordenó a la Justicia salteña elaborar una nueva resolución, teniendo en cuenta sus consideraciones. Pero el tribunal de Salta nunca resolvió, de forma concreta, la contratación inmediata, y tampoco se cumplió con el cupo mínimo del 30 % para mujeres en el plantel de choferes.  

“Esto puede servirnos de muestra sobre cuán profundas y arraigadas son algunas discriminaciones estructurales que, incluso frente a un deber ser normativo —como todo el conjunto de normas constitucionales, internacionales y hasta un fallo de la Corte Suprema—, no logran conmover de lleno las desigualdades reales“, opina Sebastián Scioscioli, docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Además de ello, en el caso de las sentencias, uno de los problemas que se presentan es, justamente, cómo supervisar su cumplimiento“, acota.

“La Justicia de Salta no hizo justicia conmigo, dejó vía libre a las empresas para que hicieran lo que quieran”, lamenta Sisnero. Mientras tanto, tras mucha presión política, fue incorporada por una firma de colectivos como la primera inspectora mujer de la provincia, hace dos años. Pero el amargo sabor a poco todavía se siente, mientras controla a los pasajeros y chequea que todo esté en orden. Además, una compañía contrató a otra chofer, presentada en todos los medios de comunicación, y se interpreta como una provocación contra Mirtha por haber llevado su caso a los tribunales: “Me llamaban a la madrugada por teléfono para decirme que yo no iba a ser la primera conductora, con una maldad horrible”. 

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Mirtha ya tiene 53 años y, finalmente, consiguió un poco de estabilidad laboral. Cualquier jugada hay que pensarla dos veces. Desde la Fundación Entre Mujeres le dicen a RT que la alternativa que les queda es plantear una ejecución de sentencia, es decir, una revisión del cumplimiento de las disposiciones judiciales: “Ninguno de los tres poderes de Salta acató y tomó las recomendaciones de la Corte”, dice la diputada Verónica Lia Caliva, una referente de la agrupación. “A todas nos discriminaron en el caso de Mirtha”, acota. 

Esa legisladora subraya que “hay un machismo enquistado en la sociedad salteña y en esos sectores de poder, que no quieren dar el brazo a torcer”. Para la dirigente local, existe un componente económico en este “paradigma patriarcal y sexista”. Así lo explica: “Las mujeres no somos rentables por la maternidad”. No obstante, aclara que “la lucha continúa”, y que quieren seguir el caso: “Vamos a dar de nuevo la batalla, pero la idea es no poner en riesgo el trabajo de Mirtha”. Pero Sisnero dice que “sí”, tiene ganas de seguir adelante en esta trinchera de abogados y jueces, por una causa que ya es un símbolo para el feminismo de la zona.

Tal vez, el fallo pueda enseñarse en las casas de estudio como un caso donde, efectivamente, hubo justicia.

Leandro Lutzky

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